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TIEMPO SANTO
(CRISTO DA LA HORA)

Anónimo semiindustrial

ca. 1980 – 2000

Plástico, tornillos, elementos de relojería digital /
/ 30 (d.) x 5 (p.) cm

Colección MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")

marzo

2026

Anónimo semiindustrial
[Tiempo Santo
(Cristo da la hora)]

ca. 1980 – 2000
Plástico, tornillos, elementos de relojería digital /
/ 30 (d.) x 5 (p.) cm
Colección MICROMUSEO
(“al fondo hay sitio”)
(Adquirido, a un precio ínfimo,
en el 2004,
con fondos donados por un benefactor
que prefiere mantenerse anónimo)

PREVIO

   ¿Es necesario explicitar
la dolida pertinencia del object trouvé
que MICROMUSEO ahora destaca
como su Pieza del Mes?

El objeto hace veinte años encontrado,
rescatado, en alguna cachina,
alguna feria callejera de la marginalidad popular
en el llamado Cono Este de la metastásica Lima.
Entre tantos otros botines o descartes
de nuestra modernidad irresuelta.

Un desecho luego redimido
por su incorporación artística
—teológica—
en la Bienal de Valencia (2007),
o en la Trienal de Chile (2009).

Y ahora acá ofrecido
hic et nunc
para nuestra contemplación filosófica,
en momentos en que el Perú otra vez
se contempla a sí mismo,
ensimismado.

El Perú y el mundo.
Al borde otra vez del abismo.
Que se nos aproxima.
En son minutero.
Entre las agitaciones y alarmas
de la Semana Santa
que a partir de hoy, la cristiandad conmemora.

A la espera.
Incierta.

   

[ Advertencia:
por sus características y extensión,
el estudio que aquí se presenta
requiere de una pantalla grande para su lectura.

Desaconsejamos el uso
de dispositivos móviles ]

   


   

TIC – TAC

MEDITACIONES
SOBRE UN RELOJ-CALVARIO
(ESA BARATIJA)

*

 

GUSTAVO BUNTINX

 

“…para adentrarse en el corazón
de las cosas obsoletas.
Para descifrar los contornos de lo banal
como anamorfosis, como acertijo…”

Walter Benjamin(1)

   

Tiempos liminares los nuestros, acaso terminales. En el Perú y en todas partes. Urbi et orbi: a los delirios de la política se le suman las soberbias de tantas ingenierías siniestras. Sociales, culturales, neuronales.

Bajo un horizonte encendido por el fundamentalismo y sus bombas de racimo, la Inteligencia Artificial coloniza lo que de existencia nos queda. O de condición humana.

¿Cómo recuperar algún sentido, el Sentido, desde ese paisaje de escombros? Tal vez resignificando, en lo posible, algunas de sus esquirlas. Incluso —sobre todo— las más banales.

Las más banalizantes: aquéllas que instrumentalizan para cínicos provechos fenicios lo de mayor transcendencia en nuestras emociones. Como en tantas imágenes sacras trastornadas en fruslerías sentimentales. La trivialización mercantil del aura, sobrecompensada de esa pérdida por exaltaciones sensoriales. Con recursos de pacotilla. ¿Quién necesita arte cuando el artificio se nos prodiga? Y nos desborda de sensaciones mediante baratos efectismos plásticos.

A veces literalmente, como en cierto ícono desconcertante rescatado hacia el 2004 por MICROMUSEO, en la vorágine callejera de las barriadas limeñas. Apenas uno más de tantos relojes crísticos, made in China para en Occidente confundir sentires y funciones. Con afanes de venta fácil. O milagrosa: es el propio Jesús quien aquí nos da la hora, desde su agonía impávida y entre las gesticulaciones de los dolientes que lo acompañan. Con las reverberaciones fallidas de un primitivo 3D.

El fetichismo sacro-comercial. ¿O también sexual? Nótense, por favor, las insinuaciones erótico-cinéticas de las agujas.

Voluntario o no, hay también un elemento de humor en esta horología otra. Sacro-lúdica. Místico-macabra.

Y en esa inestabilidad de sentidos algún Sentido otro aflora. Artístico. Teológico.

Una comunicación filosófica, cuya impensada complejidad espiritual trasciende las lecturas sociológicas, sociales de algunas investigaciones. Sin embargo relevantes: en un importante ensayo Celeste (¡Celeste!) Olalquiaga se ocupaba, desde Nueva York, hace casi medio siglo, de la entonces reciente “moda” (“fad”) de los relojes crísticos (“Christ-clocks”). Con racional criterio e inteligencia, ella identificaba allí una instancia privilegiada de la iconolatría kitsch en el imaginario religioso de las comunidades latinas asociadas a los Estados Unidos. Absorbidos por la fluidez de esas culturas híbridas, argumenta la autora, aquellos artilugios actúan como prolongaciones utilitarias del tradicional altar doméstico. Con toda espontaneidad, los hogares populares incorporan así, sin reflexión casi, en la cocina o el comedor, la sacralidad a lo cotidiano. Lo “ordinario”.(2)

Ejemplos actuales de la tipología de relojes crísticos
estudiados por Celeste Olalquiaga a finales de la década de 1980

En cambio, observa Olalquiaga, para el espectador sofisticado, el “aficionado”, libre de toda fe, lo que suscita una fascinación paradójica es el asombro del objeto en sí. Sus incongruencias aparentes, sus flagrantes apariencias. Una experiencia estética distanciada de las altas conceptualizaciones del arte considerado moderno en aquella época.

Redactado en 1987, ese valioso estudio no hurga las tensiones otras que aquellas baratijas encriptan, sin saberlo, sin quererlo. Las complejas latencias místicas que nuestra actualidad abismal, espiritual, torna principales. Esa trascendencia otra que, sin embargo, el texto mismo atisba, o intuye, aunque en una sola frase, perdida: “para la mayoría de los compradores [populares] de los relojes crísticos no hay contradicción alguna en hacer con la vida de Cristo una escenografía del tiempo”.(3)

Del Tiempo, percibimos ahora, con “T” mayúscula. Pues encriptada en “los contornos de lo banal” de esta “cosa obsoleta”, para decirlo con Walter Benjamin, aflora en nuestra (post)modernidad presente —“como anamorfosis, como acertijo”— una alegoría extraordinaria.(4) Medieval, barroca, atemporal.

Ucrónica, en el sentido etimológico del término: el otro título de nuestra pieza bien podría ser aquel imaginario Tiempo Santo de una Semana Santa andina en la que, desde el Viernes Grande hasta la Pascua de Resurrección, Dios ha —efectivamente— muerto. Y todo exceso, cualquier fantasía, tórnase posible. Un desorden cósmico y terreno fantaseado por Claudia Llosa en Madeinusa, ese extraordinario filme del 2005 durante cuya preproducción la artífice Susana Torres (“palanca” de MICROMUSEO) adquirió este artefacto místico de relojería barata. Un fragmento, en realidad, de la acumulación impresionante de íconos desorbitados reunidos para aquella película, cuya concepción visual estuvo precisamente a cargo de Torres y Patricia Bueno.

Aunque no visible en la edición final de Madeinusa, nuestro reloj-calvario sugiere contrapuntos sugerentes para algunas de sus tomas distintivas. Como las de aquel otro reloj, configurado mediante aserrines tiznados con los emblemas de la Pasión, en cuyo centro un campesino anciano deviene Cronos y va contabilizando, con elocuente torpeza, las horas y los minutos restantes para la anarquía sin frenos. La ausencia orgiástica de Dios.

El reloj pasional, el reloj crístico de aserrín tiznado (arr.),
y el campesino-Cronos (ab.),
durante los rituales excéntricos de Semana Santa
en la película Madeinusa, de Claudia Llosa
2005
(Capturas de pantalla)

Ésas y otras imágenes —Cristos fálicos, Vírgenes quinceañeras, danzas fáusticas, liturgias carnavalescas…— marcaron hitos esenciales en el (neo)barroco peruano, uno de los horizontes determinantes para el arte peruviano del milenio nuevo. Un arte agónico, de luto y duelo. Como en los cruces ficcionales del objeto paradójico que da motivo a estas líneas, tan ajeno y vacuo en su manufactura original —distante en el tiempo y en el espacio— pero tan significativamente nuestro en su apropiación local, actual. El aquí y ahora en el que este artilugio barato adquiere pertinencia incisiva para nuestras contemplaciones más severas. Más urgidas y graves: es también un memento mori el que desde este subproducto semiindustrial logra insinuarse. Y la vanitas que así se nos revela es la de la condición humana.

Sin que nada de todo ello, por supuesto, fuera premeditado por quiénes, desde costas remotas, apuraron el diseño con motivaciones apenas monetarias. Instrumentos inconscientes de un saber que los supera. Semiosis cósmica.

Dios escribe recto sobre renglones torcidos.

Y se mueve entre los cacharros (Santa Teresa de Jesús).

Marcando el paso de las horas. Nuestras.

Tic – Tac.

[Chaclacayo,
29 de marzo del 2026]

Vivo – Muerto (o viceversa):
dos tomas secuenciales del Cristo articulado
que los devotos manipulan
durante los rituales excéntricos de Semana Santa
en la película Madeinusa de Claudia Llosa
2005
(Capturas de pantalla)
Notas

*. TRANSPARENCIA:

La entera redacción de este escrito se realizó sin recurrir a frases o composiciones elaboradas mediante la Inteligencia Artificial.

La responsabilidad total por las ideas así ofrecidas —y por sus giros de expresión— recae de manera absoluta en la condición humana del autor.

Y en sus fragilidades. Incluso sentimentales: Gustavo Buntinx mantiene con Susana Torres vínculos no sólo conyugales sino además amorosos.

Léase con los recaudos del caso.

1. Walter Benjamin. “Traumkitsch. Glosse zum Surrealismus” [“Onirokitsch: glosas sobre el surrealismo”]. Redactado entre 1925 y 1926. Primera publicación, sin el título principal, en: Die Neue Rundschau, nº 27. Berlín: enero de 1927.

(La versión aquí ofrecida incorpora las dos sucesivas interpretaciones de la palabra alemana “Vexierbild” —“acertijo”, “anamorfosis”—  propuestas por Ricardo Ubarlucía en sus traducciones publicadas, primero, en la revista argentina Punto de Vista (nº 47, Buenos Aires, diciembre de 1993), y luego en el libro que él mismo le dedica al tema: Onirokitsch. Walter Benjamin y el kitsch. Buenos Aires: Manantial, 1998).

2. Celeste Olalquiaga. “Holy Kitschen: Collecting Religious Junk from the Street”. En: Gerardo Mosquera (ed.). Beyond the Fantastic. New Art Criticism from Latin America. Londres: Institute of International Visual Arts (INIVA), 1995. pp. [270]-288. (Reeditado en los Estados Unidos por MIT Press, Cambridge, Mass., 1996).

3. Ibid. La traducción es mía. El texto fue redactado en inglés, pero —es interesante— escoge usar un término español para darle un nombre a la categoría “aficionado”. A continuación, el párrafo original completo: “For most Christ-clock buyers there is no contradiction in using Christ’s life as a backdrop for time. In kitchens or living rooms these clocks are used as extensions of the home altar, conveying a comfortable familiarity with a figure that represents cherished values. This relationship to Christ is loving and quotidian, totally ordinary. For kitsch aficionados, however, these clocks are a source of endless amazement and wonder. Lacking a religious attachment to them, aficionados are fascinated by the directness of the feelings these clocks represent and evoke: there is something definitely moving about Christ’s sorrow as, on his knees on the Mount of Olives, hands dramatically clasped, he implores his Father’s compassion for the sinful human race. For an aficionado it is the intensity of this drama —heightened by an artificial aura created by the picture’s lack of depth and bright colours— that is attractive. This aesthetic experience is radically different from the highly conceptualized one of modern art”.

4. Benjamin, op. cit.