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[LA VULGARIDAD NUEVA]

Oh, cultura / Qué buena concha

María Luy / Francisco Mariotti


1980

Serigrafía sobre papel / 100 x 69.5 cm

Colección MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")

noviembre

2025

(Izq.) María Luy
(Huayco E.P.S.)
…Oh, cultura
(De la carpeta Arte al paso)
1980
Serigrafía sobre papel / 100 x 69.5 cm
(Der.) Francisco Mariotti
(Huayco E.P.S.)
Qué buena concha
(De la carpeta Arte al paso)
1980
Serigrafía sobre papel / 100 x 69.5 cm
Colección MICROMUSEO
(“al fondo hay sitio”)
(Obras adquiridas a Guillermo Orbegoso en el 2009)

PREVIO

Este mes de noviembre se inaugura, en el Museo de Arte (MALI) y en el Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC LIMA), El pensamiento es un jardín hibrido, la exposición curada por Miguel López y José-Carlos Mariátegui sobre el archivo documental de María Luy y Francisco Mariotti: dos artífices peruanos y a la vez trasnacionales, cuyas trayectorias tuvieron un papel incisivo para ciertos tránsitos culturales de relevancia crítica en la escena local, pero también en algunos horizontes más vastos, incluso europeos. De especial significancia son sus aportes a las experiencias en Lima del grupo Paréntesis y del taller Huayco E.P.S., entre los años 1979 y 1981. Un umbral de transformaciones cruciales pero durante décadas soslayadas, con muy escasas excepciones, por el mirar establecido.

Contra ese cono de sombras MICROMUSEO combatió, de manera sistemática y desde el primer momento, mediante publicaciones y reflexiones culminantes en la retrospectiva de Huayco realizada por nosotros en el 2004 gracias a los apoyos del Centro Cultural de España. Un año después, bajo ese sello institucional y los del MALI y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), logramos la publicación de un muy extenso estudio histórico y toda la documentación pertinente entonces disponible.

Para celebrar ahora las iniciativas nuevas, dedicamos nuestra Pieza del Mes a los grabados concebidos por Luy y Mariotti como contribución personal a la histórica muestra colectiva del taller realizada en mayo de 1980: Arte al paso, acogida por la Galería Fórum apenas unos días antes de las violentadas elecciones que darían ominoso inicio a la República de Weimar Peruana.

Un momento determinante para nuestra historia política, que Huayco supo significar desde la revulsión poética. Aquella muestra, recuérdese, marcó un giro esencial para lo que luego se denominaría el pop achorado, y trastornó la contemplación artística con estridencias e insolencias inéditas. “La vulgaridad nueva”, según las interpretaciones propuestas por nuestro libro, cuyo acápite pertinente a continuación reproducimos, incluyendo sus referencias a otras dos estampas entonces expuestas —de Rosario (“Charo”) Noriega y Mariela Zevallos— asociadas a la misma pulsión estética. (Otro acápite, no incluido aquí, discute en detalle un quinto grabado —de Juan Javier Salazar— que ofrece matices y registros adicionales).

   

[ Advertencia:
por sus características y extensión,
el estudio que aquí se presenta
requiere de una pantalla grande para su lectura.

Desaconsejamos el uso
de dispositivos móviles ]

   


   

“EL ARTE ME LLEGA”

(LA VULGARIDAD NUEVA)

 

GUSTAVO BUNTINX

   

[ Fragmentos del tercer capítulo del libro
E.P.S. Huayco: documentos,
derivado de la retrospectiva de ese colectivo artístico
acogida por el Centro Cultural de España en Lima
durante los meses de abril y mayo del 2004

   

*

   

[…] Es desde esa perspectiva extrema [—la del pop achorado, la de la (post)modernidad popular, la de la crítica radical—] que deben entenderse las estrategias museográficas desplegadas para Arte al paso, [la exposición de mayo de 1980 en la Galería Fórum QUE definió las premisas distintivas del luego denominado taller Huayco E.P.S.].

Como explicaría el propio [Francisco] Mariotti, se trataba de “crear una discusión alrededor de lo que es la finalidad del arte, y por eso queríamos evitar que la gente vaya a la galería y vea lo que siempre espera”. Un redireccionamiento de la mirada incluso en el sentido literal de forzar el desplazamiento físico de los espectadores en torno a las [miles de] latas [de leche evaporada, pero pintadas con una gigantesca porción de salchipapas,] que ocupaban la mayor parte del suelo y descentraban la circulación al interior de la galería, relegando a los muros como soporte privilegiado de exhibición.1

Vistas de la inauguración de Arte al paso,
en la Galería Fórum de Lima, 14 de mayo de 1980
Entre los asistentes se distinguen a los poetas Mario Montalbetti y Mirko Lauer
(autor del manifiesto de la muestra), y la artífice Johanna Hamann (+)
(Fragmento de una hoja de contactos de tomas realizadas por Mariella Agois)

Más desconcertante aún era la presencia de un real vendedor de salchipapas el día de la inauguración (aunque “no llegó a darse que los envases fueran firmados y numerados por el colectivo”).2 O la deliberada precariedad de un montaje donde burdamente se recortaban en papel lustre las letras de los textos [de autores vinculados a la teoría social del arte] pegoteados sobre las paredes como en una manualidad escolar. O las simples tachuelas que fijaban las fotos a paneles de corcho. Y los vidrios con uñas metálicas que sirvieron de barato enmarque para grabados a los que además permanentemente se les denominaba “afiches”.

Fue en la estridente crudeza de estas últimas obras que la exposición alcanzó su agresividad mayor. Una “vulgaridad” de medios expresivos tras cuya aparente simpleza asomaba, sin embargo, una complejidad enteramente nueva, un refinamiento incluso: es casi estetizante el abigarramiento de desechos vagamente industriales con que la serigrafía de Mariotti configura una gran ostra multicolor cuyas connotaciones van de la gastronomía a la política a la ecología, a lo cultural mismo.

Imagen completa (izq.) y detalle (der.) de la serigrafía
Qué buena concha de Francisco Mariotti
1980

Y a la sexualizada jerga popular: “Qué buena concha”, reza en grandes letras burdamente publicitarias el lema principal de la estampa, citando cierta expresión soez para la vulva femenina que también alude ofensivamente a comportamientos marcados por el abuso o el exceso de confianza. En efecto, la imagen remite al emblema de la petrolera Shell, y a través de ella a la depredación y los excesos de las multinacionales en general (en la composición asoman rótulos en inglés y […] códigos de barras). Pero el comentario va también dirigido a la propia sociedad de consumo —y a las insólitas posibilidades estéticas surgidas de sus éticas del descarte. Ambivalencias literalmente transcritas en la entrecortada frase desplegada sobre la porción inferior de la estampa: “Es arte – cocínala – cómela – bótala”. Arte al paso.

Es toda una cultura de gratificaciones instantáneas la que estas obras desconstruyen y en el mismo gesto productivizan, refuncionalizando sus íconos y códigos para una áspera belleza nueva, fulgurante y crítica en su grosera obviedad. Hay un formalismo ríspido sugerido en la superposición de matices obtenidos por Luy mediante técnicas elementales al reproducir con deliberada chabacanería el estereotipo pornográfico de un desnudo femenino en cuclillas y de espaldas —pero con el rostro incitantemente vuelto hacia el observador. Escatológica y obscena, la pose animalizante acentúa el fetichismo negro de los tacos-aguja resaltados por el verde ácido de las suelas en perverso juego cromático con los ojos así cegados y la nariz fálica: fantasías de castración reparada.

Oh, cultura, de María Luy (izq.) y la artífice retratada entre su obra
y la cita de Mirko Lauer en la exposición Arte al paso (der.)
Galería Fórum, Lima, 1980

La violencia de la imagen se ve exacerbada por el contrapunto entre la gama de fríos en el azulado pelo y los naranjas insinuantes de las posaderas. O los brillos variables del plateado metálico que recubre el fondo entero e invade incluso la blusa sueltamente ubicada para mejor resaltar las piernas y nalgas expuestas. La vocación crítica de estas fricciones se explicita en el uso estratégico de textos: el “…Oh” suspensivo que desde un globo de historieta emite la modelo, en tanto la palabra “cultura” recorre la base de la composición insinuándose como el producto —también el detritus— de un cuerpo tan sexual como excretante.

Un cuerpo expectante, una corporalidad excedida —como en la gran boca “jetona” exaltada por el grabado de Noriega: sobre un encandilante fondo rojo, y sin rostro que los contenga, labios detallada, casi groseramente carnosos, inconfundiblemente “populares”, se ofrecen abiertos en una desproporcionada sonrisa para revelar el “diente de oro” de aquel Pedro Navaja que dio nombre a la composición de Ruben Blades entonces tan celebrada por casi todos los públicos de la capital. Una “salsa” narrativa sobre vidas —y muertes— del lumpen callejero en la comunidad latina de Nueva York, pero asimilada en Lima a sentidos y experiencias locales. “Armando Navaja”, indica precisamente el texto tipografiado a un costado de la imagen, en alusión discreta al historial de matonerías y violencias que se le adjudicaba a Armando Villanueva, entonces candidato presidencial del APRA, el partido más identificado con el último tramo del régimen de Morales Bermúdez y por lo tanto muy enfrentado a la izquierda.

Rosario (“Charo”) Noriega
(Huayco E.P.S.)
Sorpresas te da la vida
[El arte me llega]
(De
la carpeta Arte al paso)
1980
Serigrafía sobre papel / 69.5 x 100 cm
Colección MICROMUSEO
(“al fondo hay sitio”)
(Obra adquirida a Guillermo Orbegoso en el 2009)

Es, sin embargo, el estribillo final de la canción —Sorpresas te da la vida— el que sirve de título a un grabado cuya principal carga política está en su radicalidad estética: la reivindicación sin concesiones del lenguaje más grotescamente caricaturesco, casi adolescente o pueril incluso en el uso de recursos escolares como el recorte de papel dorado para mejor resaltar el molar distintivo con que la sonrisa del delincuente “iba alumbrando toda la avenida” (Blades). Un collage primarioso —primoroso— que hace de esta elemental técnica mixta una mixtura compleja de lenguajes y culturas, cuestionando desde su artificio a la propia noción de artisticidad: “El arte me llega”, es precisamente el lema despectivo que se derrama desde las encías con un desorden casi musical de las letras apenas contenidas por el globo informe que empuja a la composición hacia una estética comic.3

Mariella Zevallos
(Huayco E.P.S.)
¡Bajan en el Museo de Arte Moderno!
1980
Serigrafía sobre papel / 69.5 x 100 cm
(De la carpeta Arte al paso)
Colección MICROMUSEO
(“al fondo hay sitio”)
(Obra adquirida en el 2009 a Guillermo Orbegoso)

Esta última opción resulta aún más explícita en el grabado de Zevallos, quien llanamente reproduce —sin reelaboraciones ni concesiones “artísticas”— una de las agresivas calcomanías publicitarias que solían entonces verse en los vehículos de transporte público. Es justamente el interior de un microbús el que aparece representado en la estampa, donde una joven de exuberante pelo naranja y brillosas botas negras hace salivar con su cortísima minifalda al chofer y los pasajeros que la miran con ojos desorbitados.

En la calcomanía original la limeñísima coqueta ruega —radio en mano— cerrar despacio la puerta para no interferir la audición de su emisora favorita (Radio Mar). En la serigrafía de Zevallos el mensaje publicitario es sustituido por un anuncio insólito: “¡Bajan en el Museo de Arte Moderno!”. La frase desconcierta no sólo por el curioso contexto en que es pronunciada sino además por la inexistencia absoluta de un museo de ese tipo en el Perú. (Nuestro gran vacío museal).4

El grabado sin duda resume la exigencia de una institucionalidad nueva que apoye las manifestaciones visuales contemporáneas. Pero esta demanda —consuetudinaria en el medio— implica aquí sobre todo un cuestionamiento crítico al circuito artístico existente y a la colonizada noción de lo moderno que allí predomina. Lo demuestran los personajes y el ambiente insólitamente vinculados por esta serigrafía a una musealidad que se les supondría ajena. Un contraste que se prolonga, de otra manera, en el morado predominante de la imagen, en alusión acaso al color del hábito del Señor de los Milagros cuyo culto identifica a la Lima tradicional.

Es esa convencional dialéctica entre tradición y modernidad la que el conjunto de estas imágenes perturba con tanta extremidad en su opción por un estilo que subvierte ambas categorías, pateando violentamente el tablero al incorporar las formas y contenidos de una modernidad popular que la migración va generando desde la capital y sus barriadas. Una (post)modernidad propia y nueva, tan transgresora de los modelos internacionales como de la tradición local. Transgresora incluso de cierta noción de vanguardia establecida desde modelos cosmopolitas y aquí subvertida desde la experiencia más inmediata de lo popular. “No formamos parte de una moda de vanguardia más”, Mariotti se preocupaba en precisar: “Tendemos hacia la integración con nuestra realidad. En el arte popular, el artista está integrado con su medio. Todavía se puede salvar aquí esta situación”.5

“Las obras de esta muestra”, abunda en otra entrevista, “tratan de reflejar la cultura que se le impone y obliga a consumir a nuestro pueblo. […] Queremos expresar los verdaderos contenidos que debe tener la plástica, salidos de las masas, de las experiencias cotidianas, del quehacer colectivo; queremos llegar a la masa, obtener de ella experiencias y participar con ellas en la búsqueda de auténticas formas culturales propias”.6

“Este Mariotti está cargado de optimismo”, comentaría el entrevistador. Pero lo que en realidad asomaba tras aquellas palabras era una intensidad histórica.

Francisco Mariotti, entre su obra ¡Qué buena concha!
y la cita de Alfonso Castrillón en la exposición Arte al paso
Galería Fórum, Lima, 1980
Notas

*. Gustavo Buntinx. E.P.S. Huayco. Documentos. Lima: Museo de Arte de Lima (MALI), Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) y Centro Cultural de España (CCE), 2005. 324 pp. Incluye una polémica metodológica —“Combates por la historia”— y un extenso estudio crítico: “Estética de Proyección Social: el taller E.P.S. Huayco y la utopía socialista en el arte peruano”. pp. [19]-161.

1. “La idea era que la gente no haga lo que está acostumbrada a hacer: entrar y mirar las paredes. Queríamos que la gente esté en las paredes y tenga que mirar al centro, al piso. Entonces pusimos las latas en medio del piso de la galería y la gente se sentía obligada a circular alrededor. Algunos pisaban las latas, pisaban el mosaico. La mayoría entraba por la puerta y estaban chocados porque se encontraban, pues, con que no había dónde caminar.” (Francisco Mariotti. [Memoria 1980]. Lima: s.f. [diciembre de 1980]. Documento mecanografiado, Archivo Luy / Mariotti. Rep. en: Buntinx 2005, op. cit. pp. 245-252).

2. Conversaciones con Francisco Mariotti. Zürich: diciembre del 2003.

Sobre los orígenes y la resignificación de la categoría “pop achorado“, véase: Gustavo Buntinx, “Estética de Proyección Social: el taller E.P.S. Huayco y la utopía socialista en el arte peruano”, en: Buntinx (ed.), E.P.S. Huayco. Documentos, Lima, Museo de Arte de Lima (MALI), Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) y Centro Cultural de España (CCE), 2005, pp. [19]-161.

3. “Me llega” es un apócope de “me llega al pincho”, expresión vulgar utilizada en el Perú para descalificar aquello que provoca profundo desinterés o abierto fastidio. Una actitud similar es la manifestada en otros países por dichos como “me vale madre”.

4. Sobre la categoría del vacío museal peruano, véase: Gustavo Buntinx. “Museo moderno / Museo alternativo”. Cuadernos de museología, nº 1. Lima: Museo de Arte Popular, Instituto Riva Agüero, diciembre de 1989. pp. 70-76. (Versión mutilada. Reproducido completo en “Museotopías: Tres textos utópicos sobre el vacío museal en el Perú”. Micromuseo, nº 0. Lima: abril de 2001. pp. 3-13).

Véase también la documentación de las dos exposiciones históricas que MICROMUSEO le ha dedicado al tema:
Vacío museal [I]
Vacío museal [II]. Medio siglo de museotopías peruanas (1966 – 2016)

5. [Luis Freire Sarria]. “¿Es arte popular o ‘Pop Art’? La alfombra de latas de ‘Fórum'”. El Diario de Marka. Lima: 18 de mayo de 1980. p. 19. (Comentario a la exposición Arte al paso y entrevista a los expositores).

6. Antonio Fernández Arce. “‘Arte al paso’ en Miraflores: viene del pueblo, va hacia el pueblo”. Expreso. Lima: 26 de mayo de 1980. (Comentario a la exposición Arte al paso y entrevista a los expositores).

Procesos de impresión de la serigrafía
Oh, cultura, de María Luy,
en el taller de serigrafía de Huayco E.P.S.
A la derecha, Francisco Mariotti
1980