FELIPE PINGLO ALVA
ca. 1980 – 1991
Pintura sobre cemento moldeado con alma de fierro,
madera tallada y pintada / 116 x 46 x 44 cm (aprox.)
Colección MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")
octubre
2026

Miguel Ángel Rossini
(con intervenciones posteriores
de Juan Enrique Bedoya y Rocío Rodrigo)
Felipe Pinglo Alva
ca. 1980 – 1991
Pintura sobre cemento moldeado con alma de fierro,
madera tallada y pintada
(la base y las intervenciones pictóricas son elementos añadidos
por Juan Enrique Bedoya y Rocío Rodrigo)
Colección MICROMUSEO
(“al fondo hay sitio”)
(Donación de Juan Enrique Bedoya)
(Fondo trabajado con Inteligencia Artificial
para efectos especiales de Noche de Brujas)
HALLOWEEN /
/ CANCIÓN CRIOLLA
(DÍA DE MUERTOS / NOCHE DE BRUJAS)
GUSTAVO BUNTINX
Este 31 de octubre del 2026
MICROMUSEO publica como su Pieza del Mes
una obra singular.
Singularmente fechada, pues hoy en el Perú
—como en todos los años—
vuelve a configurarse una extraña conjunción cósmica
de efemérides festivas.
El umbral hacia el Día de los Muertos
es también el Día de la Canción Criolla.
Una tradición moribunda, otra que se transmuta.
MORIBUNDA,
la pretérita cultura musical de una ciudad
que desde mediados del siglo XX se deshilacha
bajo los embates de la migración,
de la “modernidad”…
EN MUTACIÓN PERPETUA,
la vigente cultura toda
de la (post)modernidad nuestra,
tan confusa y peculiar.
Cosmopolita y raigal.
Mestiza en sus modos, en sus modas.
En sus hábitos
(a veces, todavía morados:
el Señor de los Milagros).
El Jaluín limeño,
el Halloween “bastardo” de una cultura hechiza,
políglota pero subyugada
por la lingua franca de las tecnologías.
Y sus banalizaciones sin tregua,
pero a veces subvertidas (a veces)
por quienes se supondría sometidos a ella.
Marejadas inciertas, inciertamente contempladas
desde el entorno protegido de las Bellas Artes.
Artífices cuya formación sofisticada a veces (a veces)
admite las fricciones de esa sensorialidad nueva
en su sensibilidad propia.
De varias maneras, según el humor personal
y el temor de los tiempos.
La lúgubre emoción lúdica, por ejemplo, que hacia 1991
(año de violencias grandes
en las que el Perú entero parecía precipitarse)
llevó a Juan Enrique Bedoya (Lima, 1966)
y Rocío Rodrigo (Lima, 1960)
a adquirir y transfigurar un ejemplar característico
de la escultura excéntrica de Miguel Ángel Rossini
(Lima, 1930 – El Callao, 2007).
Un arte desorbitado, pero de extrañas maneras.
Popular, urbano, pero sesgado.
Residual y emergente, al mismo tiempo.
(“Protoretroneocuasi”,
lo denominé en algún momento).
Como esta semblanza extravagante
de Julio Felipe Pinglo Alva,
el mito-mártir del criollismo barrial limeño.
Sentimental, social, “plebeyo”.
(El plebeyo es acaso su composición
más recordada, sin duda por su trama
de lamentaciones político-amorosas).

Homenaje a Felipe Pinglo
en cancioneros populares limeños
ca. 1950
(Imágenes tomadas de: Óscar G. Pamo Reyna.
“Recordando a Felipe Pinglo Alva, El Bardo Inmortal”.
Acta Herediana, vol. 62, n° 1. Lima: enero 2019 – junio 2019)
La obra original de Rossini era indistinguible
de las decenas de copias a cemento
realizadas en algún momento de la década de 1980
por encargo de una asociación musical.
El contrato, sin embargo, quedó disuelto
al comprobarse que en todas ellas “El Bardo Inmortal”
—célebremente zurdo—
pulsaba la guitarra con la mano derecha.
Uno más de tantos extravíos
en la trayectoria esquiva del autor,
que hace nueve años MICROMUSEO ha querido resaltar
en una exposición grande (Circo Rossini)
y alguna Pieza del Mes (Alianza Lima)
Pero esa inscripción artística podría haberse perdido
de no ser por la atención temprana brindada
por artífices como Bedoya y Rodrigo.
El busto de Pinglo que ellos entonces rescatan
es exaltado por un gran pedestal tallado
con ornamentaciones burdamente expresivas.
Vegetaciones de fantasía sobre toscas geometrías
de falsos dorados.
Al modo, quizás, de algún cabaret de ensueño.
O de pesadilla: la escultura misma
es sometida a repintes brillosos, vistosos,
“vulgares” en cierto punto, pero también algo tétricos.
Incluso con cierto efecto vampírico,
al decir de varios espectadores.
Así lo expuso Bedoya, por primera vez,
en una sugestiva instalación a fines de aquel 1991.
Una muestra significativa por el hito que ella marca
para la historia por escribir
(en alguna vida otra)
sobre los sucesivos acercamientos
de nuestro arte erudito a un otro sentido de modernidad plástica.
Una modernidad otra, una (post)modernidad popular
reconsiderada desde sus propias manifestaciones estéticas.
Aunque en aquella exhibición el tono predominante
fuera el de la melancolía,
a la distancia ella nos incita ahora
la (im)pertinencia de percibir en esta pieza
—nuestra Pieza del Mes—
la irreverente condensación simbólica
del Día de la Canción Criolla
y la Noche de Brujas.
Temas densos.
Por explorar.
(¿En otras vidas?).
[Chaclacayo, Lima,
31 de octubre del 2026,
