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QUE LA DIFERENCIA REFULJA (Sumilla curatorial)
 
 

La normalización de la diferencia se erige hoy como el complemento TERMINAL de las dos crisis esenciales en las culturas varias de aquello alguna vez denominado civilización occidental: LA TRITURACIÓN DEL AURA por la reproducción técnica que tan iluminadora obsesión despertaría en Walter Benjamin. Y EL OSCURECIMIENTO DEL MUNDO que Martin Heidegger vislumbra en LA FUGA DE LOS DIOSES, en el ahuecamiento moderno de la tierra.

Es en confrontación a este horizonte crepuscular que MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”) articula para la Trienal de Chile un despliegue inusitado de sensorialidades en el que la SEXUALIDAD y la TEOLOGÍA exacerban y trastocan las relaciones establecidas entre arte y POLÍTICA, arte y VIOLENCIA, arte y RELIGIÓN. Para en el mismo gesto provocar la desjerarquización violenta del propio arte en su reintegración fecunda a la más amplia CULTURA MATERIAL de la que forma parte. El resultado es la exhibición paritaria de lo ERUDITO, lo POPULAR y lo MASIVO en un solo flujo icónico. Lo artesanal, lo (semi)industrial, lo artístico. Lo prehispánico y lo moderno, lo colonial y lo contemporáneo, en asociaciones ilícitas, insólitas, pero no ajenas a las que ofrece nuestra vivencia permanente de SIMULTANEIDADES aparentemente inconexas.

Son así de todo tipo y naturaleza los centenares de piezas ahora reunidas por MICROMUSEO bajo el título principal de Lo impuro y lo contaminado: la tercera y más amplia versión de una serie iniciada en 1991 (en el Centro Cultural de España de Lima) y prolongada en 1997 (en la Bienal de Valencia). Obras artísticas cruciales se entremezclan, por ejemplo, con imágenes peculiares de TRANSFIGURADA devoción popular. O con instrumentos y documentos vinculados a nuestras violencias recientes, entre los que sobresalen ciertas artesanías bélicas y la ESCOPETA “HECHIZA” de un poblador ayacuchano ASESINADO por Sendero Luminoso debido a su participación en las rondas campesinas.

A partir de estas y otras evidencias, MICROMUSEO ensaya un recorrido por la sensibilidad (neo)barroca que en el Perú gradualmente emerge de entre los desastres de la GUERRA (1980-1992) y de la DICTADURA (1992-2000), para ir con el tiempo esbozando un nuevo horizonte de renovaciones culturales. Una sensibilidad, también una SENSORIALIDAD nueva. No una sino varias PULSIONES que se desperdigan y fragmentan en torno a sendos ejes distribuidos entre los dos pisos del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago destinados a la exposición.

En la planta superior, el desborde TECNO-TROPICAL-ANDINO de una (post)modernidad popular que desde las calles sobre todo amazónicas irradia sus estridencias LÚBRICAS a la entera cultura peruana. Al otro extremo, las sofisticadas formulaciones PICTÓRICO-TEOLÓGICAS que actualizan referentes eruditos remontables hasta los ideólogos de la Evangelización y la Contrarreforma.

SUBLIMACIONES pasadas y VULGARIDADES presentes se entrecruzan y fecundan en la actualidad de un país donde toda distancia COLAPSA. Y en una exhibición que así explora las relaciones entre LA VIOLENCIA Y LO SAGRADO. Entre LA RELIGIÓN Y EL CUERPO, entre LA SEXUALIDAD Y LA EXPERIENCIA MÍSTICA.

O entre nuestro gran VACÍO MUSEAL (la ausencia histórica en Lima de un museo de arte específicamente contemporáneo, o siquiera “moderno”) y las MUSEOTOPÍAS que eróticamente pretenden colmar ese hueco. En esta ocasión MICROMUSEO actúa también como vehículo cómplice de otras musealidades alternas peruanas, planteadas como ironía artístico-conceptual o como institucionalidad proyectiva: el MUSEO HAWAI de Fernando Bryce, el MUSEO TRAVESTI de Giuseppe Campuzano, el LIMAC de Sandra Gamarra, el MUSEO NEO-INKA de Susana Torres...

Todo enmarcado por propuestas propias de FRICCIÓN creativa entre la pequeña-burguesía-ilustrada y lo popular-emergente. ESTRATEGIAS FRICCIONARIAS que ponen en escena crítica el carácter discontinuo de la historia y de la cultura y de la política en un país hecho de FRACTURAS –pero también de incesantes INTERCAMBIOS DE FLUIDOS. A esa libido en medio del caos responde esta propuesta de una MUSEALIDAD PROMISCUA, donde deliberadamente se yuxtaponen los fragmentos dispersos de nuestras muchas expresiones, recíprocamente iluminadas por sus contrastes tanto como por sus articulaciones. Una MUSEALIDAD MESTIZA donde las palabras “artista” y “artesano” se irán reemplazando por la de “ARTÍFICE” –como en este avance sucinto– procurando así significar la crisis de esas y otras distinciones en una sociedad crecientemente hecha de LO IMPURO Y LO CONTAMINADO.

La BELLEZA NUEVA que de todo ello saldrá.

Que la diferencia REFULJA.

Gustavo Buntinx

 
 
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Que la diferencia refulja (Sumilla curatorial)
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