LO IMPURO Y LO CONTAMINADO: Pulsiones (neo)barrocas en las rutas de MICROMUSEO ("Al fondo hay sitio")
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Sumballein (juntar, reunir)
 
 

Imágenes rotas, imaginerías reconstruidas. Sumballein es la raíz griega tras la etimología de la palabra símbolo. Con ella los antiguos aludían a, entre otras cosas, la identidad surgida del acto de juntar o reunir las partes de un amuleto previamente quebrado para facilitar el reconocimiento mutuo de quienes custodiaban sus fragmentos. El concepto se vincula a los rituales de sectas y sociedades secretas, adquiriendo incluso una connotación religiosa que se prolonga en los usos posteriores del término. Como se prolonga también en la labor de artífices que hacen del quiebre y recomposición de sus obras un abismamiento espiritual y filosófico para el quehacer plástico.

Carlos Runcie Tanaka es quien con mayor rigor e insistencia ha intuido las posibilidades y desafíos de esa praxis específica. Tal vez por la propia identidad personal que surge de ancestros británicos y japoneses relacionados en tierras peruanas. Como se relacionan y mezclan tradiciones culturales varias en su vasta producción cerámica, entrecruzando registros artísticos y artesanales, utilitarios y estéticos. Estrategias otra vez friccionarias que se enuncian mediante el rescate sistemático de piezas reventadas o rotas, castigadas por el fuego o por el azar objetivo –pero de inmediato valoradas en su presencia fisurada, exaltando la herida en el gesto mismo que la repara.

 
 
 

Un recurso artístico que se vincula a la comprensión profunda de la densidad de procesos más amplios a lo largo de un cuarto de siglo marcado en nuestro país por transformaciones decisivas y violencias inauditas. Como en esa secuencia incisiva de piezas que el artífice empieza en 2003 y culmina tres años después con la instalación Huayco / Kawa / Río. Hasta en la fragmentación articulada de sus denominaciones, ese nombre trilingüe pone en alegórica escena la perturbación simbólica que recorre la obra de Runcie Tanaka. Catorce grandes esferas de sólida tierra recubierta por la vajilla quebrada de su propia creación, con el fulgor de las aristas cortantes insinuando un nuevo brillo estético desde las fracturas ominosas de lo utilitario. Como quien incrusta la artesanía en el arte.

O en la naturaleza: este río de quebrantos tan nuestros es también el ancestral arroyo japonés (kawa) en el que los antiguos alfareros orientales arrojaban los restos cerámicos desechados de sus quemas. Y el aluvión quechua (huayco) que hoy arrastra la resaca de todo lo vivido durante las últimas traumáticas décadas.

 
 
 

No es casual que la pieza inicial –iniciática– de este conjunto porte ahora el título preciso de Sumballein y exhiba los restos de ceramios inspirados en la tradición prehispánica de la cultura Chiribaya. Figuras y diseños ancestrales erizan así la superficie de una pieza cuya contemporaneidad resulta indiscutible. Y extrañamente religiosa. Y tan sutilmente política.

Es una densidad no sólo artística la que pareciera destellar entre las rutilancias trizadas de estas esferas. En el peso sideral y la gravedad terrena de sus imposibles órbitas. De su implosiva historia.

¿Quién paga los platos rotos?(26)

 
 
Notas
 

26. Buntinx 2006b.

     
     
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Sumballein (juntar, reunir)
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Bibliografía citada
 
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