Abril 2014
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Manuel Moncloa

Verónica (d’aprés Zurbarán)
[Deus absconditus]

2005-2006
Óleo sobre tela
85 x 75 cm

MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")
Donación: Manuel Moncloa y benefactor anónimo, 2006

Previo

Micromuseo selecciona esta obra
como pieza del mes de abril de 2014
en acompañamiento heterodoxo
a los rituales propios de la Semana Santa
celebrados en todas las comunidades de tradición cristiana.

✝ ✝ ✝

"El arte procede del misterio del hombre y el hombre procede del misterio de Dios.
Y ambos están inmersos en un profundo silencio.
Quiero ser ese silencio.
Aquí y ahora.
Lejos de las siniestras máquinas y sus estridencias de autómatas de lata".

Manuel Moncloa, 1995

Una de nuestras mayores voces pictóricas es también una de las más calladas. Desde 1980 la presencia de Manuel Moncloa en la escena peruana se ha mantenido esporádica y furtiva, pero suficiente para el trazado de una trayectoria singular y excéntrica.

Desde la temprana (1980-1985) concentración en geometrías abstractas alusivas a una estructura de ritmos a veces prehispánicos, hasta la pulverización del pigmento y de la materia en los insondables paisajes cósmicos de los últimos años. Pasando por los entrecruzamientos de citas pictóricas diversas —incluso opuestas— en la culminante serie Vox angelica (1994-1996).

Todo puesto siempre al servicio de la elucubración mística. La de Moncloa es una vocación solitaria marcada por el compromiso tanto con el refinamiento de las técnicas plásticas como con la profundización de los sentidos espirituales en la prodigiosa imaginería así concebida. “Forma” y “contenido” colapsan sus especificidades dudosas para confluir en una búsqueda de aquel “Dios oculto”, “Dios escondido”, cuya formulación latina —Deus absconditus— procuro resignificar como título para […] la impresionante Verónica sin rostro en un cuadro de 2005-2006 que, junto con sus antecedentes, aquí se propone emblemático.

Un cuadro paradójico: la mixtificada etimología greco-latina de ese término (vera eikón) remite a la vera efigie de Jesús El Cristo, imprimada —no pintada— en el modesto paño con que una mujer piadosa enjuga su santa faz sufriente durante la sexta estación del vía crucis hacia el Calvario. Una acheiropoiton, una imagen no creada por mano humana sino por impregnación divina sobre el velo.

 
     

Francisco de Zurbarán.
Verónica.
ca. 1630 – 1635
Óleo sobre tela: 101.6 x 83.2 cm
Colección particular

 

Manuel Moncloa.
¿Agnus Dei?
1995
Óleo sobre tela: 180 x 150 cm
Colección particular, Malasia

Así la representa Francisco de Zurbarán (1598-1664) una decena de veces, citadas casi todas por Moncloa en su transmutación impresionante de 1995: un solo lienzo para nueve paños que alternan telas vacías pero esperanzadamente albas con otras luctuosas ostentando el cráneo mortuorio del cordero pascual. Redención y sacrificio. Como en el segundo cuadro (ca. 1997) en el que la Verónica central rima sus pliegues piadosos con los sensuales de las cortinas que se abren rojas para revelar el escenario de la meditación de los santos.

     

Manuel Moncloa.
Verónica (San Antelmo) (d’aprés Zurbarán)
ca. 1997
Óleo sobre tela: sin medidas disponibles
Colección particular, Lima

Una escena y un abismo. En la densidad teológica de cada una de estas Verónicas, el rostro de Dios, la emanación milagrosa de su semblanza sacra, se nos revela como una ausencia.

O, más bien, una presencia a ser siempre recreada, transfigurada. De tantas múltiples maneras. Opuestas pero complementarias. Tras la dispersión aparente en la obra de Moncloa asoma una desafiante complejidad. […] La de Moncloa es una portentosa creación artística, a contrapelo del sonido y la furia de las últimas décadas del siglo XX, atravesadas en el Perú por la guerra y por la dictadura. Pero a contrapelo también de la liquidación hedónica de todo ese (melo)drama bajo la revolución capitalista que desde el año 2000 nos envuelve.

Que nadie sea llamado a error: volver, ahora, a la pintura de Moncloa, es un gesto de nítida criticidad ante el derroche de goces superficiales que amenaza a ciertas franjas de una escena cultural en inminente riesgo de verse devorada por las modas. […] Un acercamiento a la introspección y al recogimiento espiritual implícitos en [cuadros como esta Verónica insólita]. Casi una oda a la vida retirada (Fray Luis de León), pero también un comentario sutil, contemplativo, al gran ruido de nuestros tiempos.

El Gran Ruido, el gran desorden, tan estentórea, tan estertóreamente proclamado desde las artes consumidas por el espectáculo. Esas “estridencias de autómatas de lata” a las que vocaciones alternas como las de Manuel Moncloa ofrecen un contrapunto incisivo.

Un arte que busca a Dios.

Gustavo Buntinx

(Fragmentos del texto
publicado en el libro que acompañó la exposición
Deus absconditus: retrospectiva de Manuel Moncloa 1980-2013
Lima: Instituto Cultural Peruano Norteamericano y Micromuseo, 2012)

 
     
     
 
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