Diciembre 2009
Publicaciones
Pieza del mes Conexiones Bitácora Habla
 

Pablo Patrucco

Sin título
[Sarita Colonia]

2009
Serigrafía sobre tela

130 x 200 cm.
Tiraje: dos (2) ejemplares
(Impresión: Jorge Cabieses)

MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")
Donación: Pablo Patrucco, diciembre de 2009

Sarita
 

Nuestra última pieza del mes para el año 2009 es una ofrenda. Artística, religiosa, histórica. Una prenda de Barroco frío, la impávida exposición de Pablo Patrucco que Micromuseo curó y acompañó en la galería Enlace el pasado mes de mayo. Una muestra importante para la formalización, la sistematización casi, de cierta corriente alterna que profundiza por contrapunto el desborde de sensorialidades plásticas identificable ya como uno de los horizontes culturales mayores para la década que termina.

El interés más constante en esos cuadros –también el más contenido y sutil– parecía volcarse justamente hacia lo vulgar, hacia la vulgaridad triunfante en nuestros tiempos de hedonismo óptico y de visualidad total. De apertura radical a la mirada. Incluso las más sobrias de estas imágenes aludían, de manera elíptica, a tal obscenidad: los huacos Moche alineados con discreción en los depósitos que se exhiben abiertos en el Museo Rafael Larco Hoyle. Y la efigie ahora destacada por este texto: exvotos populares, tosca pero sentidamente tallados en símiles pobres del mármol para hacer públicas las intimidades místicas que recubren el mausoleo antiguo de Sarita Colonia.

Que lo recubrían: hace un cuarto de siglo sobre aquella estructura primitiva se construyó otra que la clausura para elevar los espacios de devoción a esa santa mestiza y no reconocida por la Iglesia. Nuevas paredes que se han visto asimismo invadidas por recordatorios, pero ahora de rutilante acrílico cuyo destello plástico habría hecho juego con el de los vidrios y metales en las demás telas entonces expuestas por Patrucco. Como de hecho sucede en tres piezas adicionales desde las que él explora las incitaciones de esa materialidad sintética, una de ellas incluso dedicada a los agradecimientos junto a la cruz del padre Urraca: otra santidad en espera burocrática, aunque ella sí desde dentro de la institución eclesial.

 

 

Es por eso tanto más sugerente que en el caso de Sarita el artífice haya preferido basarse en una fotografía histórica, proporcionada por Micromuseo: una de las varias tomas realizadas en 1980 por Marianne Ryzek al acompañar las inquietudes del taller E.P.S. Huayco por atisbar en ese culto el rostro místico de la migración.

Un desplazamiento –de cuerpos y de culturas– generalmente asociado a las estridencias incluso cromáticas de cierta (post)modernidad popular, acá más bien sustituidas por la opacidad gris de estas casi lápidas. Como un contraste epocal y sensitivo. De inmediato tensionado, sin embargo, por las analogías formales entre esta obra y otras que reproducen el ordenamiento reticular y el registro cromático de los avisos con que en cierta populista prensa limeña la prostitución se publicita como “servicios personales”.

 

 

Podría, sin duda, pensarse en una asociación buscada con la efervescencia temprana de la fe hacia Sarita entre las meretrices de Lima y del Callao. Pero las relaciones que triunfan en esta yuxtaposición de cuadros son de estructura más que de asunto. En particular mediante el recurso permanente a sistemas de acumulación, de reiteración, de redundancia.

Aglomeraciones donde la presencia sofocante de lo cuantitativo aspira a una transformación también cualitativa de lo sensible. Crucial en esta pieza del mes es su opción por la serigrafía, apoyada además en la notable pericia técnica de Jorge Cabieses. El resultado logra una inquietante confusión de sentidos mediante el respeto estricto al modelo fotográfico, modificado apenas en ciertas intensidades de una luz que así dramatiza la imagen con otra pátina, por momentos casi plateada. Respeto incluso al recorte visual forzado por el primer plano con que Ryzek deliberadamente expande la presencia de los exvotos hasta el saturado borde de su toma. Un recurso que al mismo tiempo evidencia la precariedad de materiales e inscripciones cuyo modelo, sin embargo, se remonta hasta las placas señoriales antiguas.

Hay aquí un efecto sesgado de melancolía. Para una mirada histórica, política, el ínfimo y determinante punctum de este enorme (130 x 200 cm.) grabado sobre tela emerge de la inscripción que en tan solo uno de los recordatorios revela al año de 1979. Una incisión, una incisiva marca de época: las vísperas de otro cambio de década que para el Perú marcaría el ingreso a una (post)modernidad traumática.

En varios registros. Por un lado, la ambivalencia trágica de un cambio epocal que en la misma noche del 17 al 18 de mayo de 1980 marca el fin de una dictadura castrense y el comienzo de una guerra civil: los comicios que formalizan el retiro de los militares y al mismo tiempo sirven de escenario para el inicio de las violencias senderistas. Pero ese año marca también transformaciones estéticas decisivas. Para la formalidad artística, en las irrupciones del pop “achorado”, emblematizadas por las estridencias radicales del taller E.P.S. Huayco, culminantes precisamente en la imagen de Sarita pintada sobre una alfombra gigantesca de latas de leche evaporada. Para la visualidad de masas, en las ostentaciones de un desborde popular que finalmente accedería al “lujo moderno” (Piero Quijano) de las fantasías cosmopolitas mediante símiles baratos del consumismo desatado por la liberación a las importaciones. Como en los letreros semi-industriales de acrílico que en el cementerio pronto desplazarían la presencia texturada, casi telúrica, de las piedras otrora talladas.

El tránsito hacia la fascinación del oropel y de los brillos falsos. Un encandilamiento artificioso desde el que, sin embargo, se (re)construyen las emociones de la fe. Como en las mutaciones incesantes de la devoción a Sarita, cuya desaparición física, por cierto, se conmemora festivamente durante estos precisos días, cada 20 de diciembre, en interesante cercanía a los ritos de navidad. Muerte y nacimiento, sintetizados desde un culto y una cultura en renovación continua.

También en sus proyecciones eruditas, cuya magnífica expresión última es esta fría y conmovedora obra de Patrucco. Atención a la densidad adicional, aunque involuntaria, en su jerarquización artística de una fotografía olvidada pero marcante. Un rescate que, treinta años después, detiene nuestra mirada actual en la mirada histórica de Ryzek, en la del propio taller E.P.S. Huayco. Y en casi el último registro disponible de una religiosidad popular que se encontraba entonces a punto de ser irreversiblemente trastornada. Como el Perú entero.

Gustavo Buntinx

(Partes de este texto han sido tomadas del ensayo que acompañó la exposición
Barroco frío,
de Pablo Patrucco, inaugurada en la galería Enlace el 8 de mayo de 2009).

 
 
     
     
 
Pieza del mes
2017
2015
2014
2013
NO es NO
Sin título [Valle Vallejo]
Sin título (de la serie Peruanismos)
2012
Diciembre: Educando a los chicos en los años difíciles
Enero: Anónimo semi-industrial Hora loca 2012
2011
2009
Noviembre 2009
Octubre 2009
Agosto 2009
Junio 2009
Mayo 2009
Abril 2009
Marzo
Febrero
Enero
2008
Diciembre
Noviembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
 
 
 
© MICROMUSEO. Lima, Perú. 2013
Diseño y desarrollo: IaraStudio.COM